domingo, 19 de enero de 2014

Vota mi pelota

Por fin nuestro Partido Socialista, tan poco obrero él, se ha decidido convocar elecciones primarias para elegir a su futuro líder o "lideresa". La fecha escogida es el próximo noviembre, que a los mortales comunes, acostumbrados últimamente a ciclogénisis y vientos huracanados, nos parece lejanísima, pero que a ellos les debe de semejar de lo más cercana, a tenor de la adrenalina que se ha extendido por las cabezas pensantes, y sobre todo parlantes, de este partido español que parece de izquierdas pero, a lo mejor, no lo es tanto.
A pesar de mis reservas acerca de dónde vienen y, sobre todo, hacia dónde van los socialistas y en qué transformó la Transición a su progresista ideología, reconozco que este invento de las primarias nos va a tener a muchos en un ay, observando las trampas, las patadas bajo la mesa y los entuertos hasta descubrir, allá por el otoño, quién demonios es el asesino. El asesino de compañeros supuestamente carismáticos, quiero decir.
Dicha emoción sin límites se ha acrecentado tras declarar el propio partido que las dichosas primarias van a estar abiertas a todo quisque. Esto es, que si usted o yo somos simpatizantes del partido y pagamos dos euros, podemos rellenar la correspondiente papeleta y echarle flores al líder que nos parezca más zalamero. ¿A que mola? Me dan ganas de participar y todo. El único inconveniente es que no me considero simpatizante socialista, y parece que aquí los próceres de la humanidad consideran requisito imprescindible que uno le tenga cierto cariño a los colores. Lo cual me lleva a pensar que este truco de marketing global, en realidad esconde la voluntad de crear una inmensa base de datos de gente que tenga el corazón escorado a la izquierda. Aunque no sé cómo lo van a demostrar... ¿Harán un cuestionario a pie de urna para preguntar cosas tan folclóricas como las que figuran en el cuestionario de migración estadounidense? ¿Querrán saber si durante la Segunda Guerra Mundial simpatizamos con el partido nazi o tuvimos la desfachatez de alojar en nuestra casa a algún terrorista en el último año? ¿Pretenderán averiguar si nos gustan más las rosas o los claveles? ¿Las gaviotas o los ruiseñores? Estoy en un sinvivir.
Mientras analizo si voto o no y me visto de simpática simpatizante por un día, declaro desde ya que me caen razonablemente bien (tampoco nos pasemos) Madina y Patxi López y que se me tuerce el gesto cada vez que oigo en la tele el parlamento de Susana Díaz o el de Carme Chacón. De la primera porque desconfío de su discurso, de su currículum y de sus intenciones; de la segunda, porque aunque ya no me gustaba antes, ahora menos: a mi entender, se ha marcado un Soraya Sáenz, esto es, desaparecer convenientemente de los flashes, salvo cuando las noticias eran buenas, y dejar que se quemen otros. Semejantes fobias y filias, encima, me hacen sentir fatal, porque, a pesar de mi defensa de la participación de las mujeres en política, reconozco que, en mi fuero interno, el cartel de vedettes que nos plantea el Partido Socialista me parece cutre salchichero y más falso que una moneda de cinco euros.
Después de la experiencia de las Pajines, las Aídos, y ahora mismo las Báñez o las Botella, creo firmemente que la auténtica cantera femenina de los partidos no se haya en la primera fila del front row, sino en la segunda y hasta la tercera. Pero, claro, como también dije en su día, ser mujer, ocuparse de tu trabajo, de tu familia y de tus reuniones no puede ser fácil, a no ser que te hayas criado al calor del partido y tu trabajo y tu familia se reconcentren en la misma sede, con lo que el asunto está chupado (perdón por la machista expresión). A los casos de Díaz y Báñez me remito.
Pero, bueno, no seré yo quien diga que Chacón no tiene el mismo derecho que Rubalcaba a llevar a los socialista hasta las más altas cotas de la miseria. Desde el momento que ejerció como ministra de Defensa (ay, Zapatero) sin conocer apenas nada de los entresijos de las Fuerzas Armadas salvo lo visto en la Teniente O'Neil, la creo capaz de todo. Incluso de demostrarme que estoy equivocada y que se trata de una de las gestoras más eficaces que ha dado este país. Porque, sí, por mucho que amemos el carisma, lo que este país necesita ahora mismo es un buen gestor que sepa coordinar la bonanza macroeconómica con la evolución microeconómica y que pueda rodearse de asesores competentes que no le aconsejen, sin ir más lejos, que practicar sexo es bueno solamente si está destinado a lograr un embarazo, o le sugiera como Ministro del Interior a ejemplares como Fernández Díaz, miembro emérito del ultracatolicismo y a quien le han encargado velar por nuestras cosas con mano de hierro. Literalmente.
Lo más interesante de este asunto de las primarias va a ser, insisto, contemplar las alianzas, los encuentros y desencuentros y el peloteo sin fin entre la cúpula. Aunque lo verdaderamente revolucionario, para un gran partido, sería que todo el mundo se pudiera postular candidato sin necesidad de avales ni demás gaitas. Hay pelotas, pero, a lo mejor, lo que no hay son huevos.




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