domingo, 3 de junio de 2012

Liderazgo natural

Leía el otro día un interesante a la par que apasionante artículo sobre Esperanza Aguirre y lo bien que ha colocado a los suyos. Tal parece que la mandamás de ésta nuestra Comunidad es la tía/prima/hermana etc que todos quisiéramos tener en la familia, ésa que se preocupa de enchufarnos sin que hayamos sido meritorios de ello. Entre otros parientes de alta alcurnia, Espe se ha encargado muy, muy bien de repartir puestos de ringorrango a su hermana y uno de sus hijos, entre otros miembros de su clan. No puedo más que darles mi enhorabuena.
En este país de pandereta, a ninguno de los dos partidos mayoritarios les ha dolido prenda alguna a la hora de colocar y recolocar a familiares y amigos. Sobre todo en el caso de las Comunidades Autónomas, dignas merecedoras de la herencia caciquil que, durante siglos, rigió los destinos de España. Ni la modernidad, ni aquella mítica frase de "a este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió" han conseguido eliminar o, por lo menos, mitigar, la extendida práctica del enchufismo. Es más, quien puede ejercerlo y no quiere porque su santa moral se lo impide, es tachado directamente de tonto. Así se las gastan nuestros principios más sagrados.
Lo curioso es que parece que llegado a un determinado escalafón de la vida pública se te permite todo, por muy penado por la ley que esté. Es como si tu posición te dotara de una pátina de invulnerabilidad exclusiva de unos pocos elegidos para la gloria. Y no es así. Porque muchos de los que ahora mismo ostentan cargos públicos (y que cada uno haga la reflexión que mejor le venga) no serían nunca líderes en caso de desempeñar otra profesión u ocupar distinta posición social. Es lo que yo llamo los falsos líderes, aquellos seguidos por obligación y nunca por devoción, a los que la vida o la suerte les han colocado en lugares que no les corresponderían por natura.
Un líder natural no necesita ningún afiche externo para serlo. Le basta casi con respirar. Es una persona única, con un juicio fuera de lo común, una presencia extraordinaria y una capacidad envidiable para moverse en todos los ambientes sin que jamás se encuentre fuera de lugar. Estos individuos admirables son capaces de separar el grano de la paja a primera vista, decir no cuando hay que hacerlo y asentir cuando se debe. De ahí que un líder natural tenga tantos seguidores como enemigos, porque trae acarreada una característica que disgusta: eclipsar a quienes están a su alrededor, algo que remueve las más grandes bajezas. Lógico, por tanto, que muy pocas veces veamos a una persona con semejantes cualidades desempeñar cargos o puestos de relevancia: ya se han ido encargando sus correligionarios de ponerles baches en el camino. Como si esto acabara con las virtudes que adornan al líder... Hay factores que son innatos y me apuesto que hasta Punset, el señor que lleva pan a las casas de las mozas de buen ver, estaría de acuerdo conmigo.
Creo que España tiene una carencia grave de líderes políticos naturales. Los que nos vigilan son autoimpuestos, figuras de paja cuyos hilos manejan fácilmente otros más listos e importantes que ellos. Y tal vez porque no la vemos o porque la literatura nos ha ido nutriendo el subconsciente de grandes y maravillosas figuras, echamos de menos esa presencia de gente especial que nos ilumine el camino. De acuerdo con que un líder natural no nos va a sacar de pobres, pero al menos podría darnos esperanza y, lo más importante, empatía. Porque Espe  ("la lideresa", me parto y me mondo) y los suyos, si de algo carecen es de empatía. Nos miran y no nos ven; nos oyen, pero no nos escuchan. A lo sumo siguen los consejos de sus "asesores del amor", para fingir cierto cariño de opereta hacia la plebe que les ha votado. Y hasta que no consigan sustituir con un aprendizaje práctico y teórico lo que la naturaleza no les ha dado, mucho me temo que su destino es perder discípulos. Entonces será cuando, a lo mejor, se cumpla aquello de que los políticos de más baja calaña están destinados a las más altas cotas de la miseria. Y nosotros que lo veamos.

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