miércoles, 19 de septiembre de 2012

Todos a una

La Casa Real tiene nueva página web. Ya, ya... Solo me falta decir que Franco ha muerto para completar el plantel de mis rompedoras exclusivas. Supongo que el que la monarquía alicate el portal para actualizar su autobombo tampoco es que sea el notición del siglo, pero que el rey se nos ponga ñoño, escriba una carta dirigida a todos los españoles y la cuelgue de su ventana, me daría hasta ternura si no me diera igual.
Parece que nuestro monarca anda preocupado por si España se le parte en dos. A lo mejor debería inquietarle más la posibilidad de que se le divida en en tres, en cuatro o en cincuenta. No parece haberle sentado bien a don Juan Carlos que tantos catalanes salieran a la calle el otro día como un solo hombre exigiendo la independencia. Tampoco es tan raro: al margen de vericuetos culturales y tradiciones sentimentales, resulta lógico que, cuando la crisis aprieta, a la gente le de por tomar las de Villadiego. ¿Todos a una? Si eso, tu madre.
Entiendo que, con semejante desbarajuste económico, España no sea un lugar para quedarse a dormir. ¿Que exigir el independentismo es de oportunistas? A lo mejor lo ha sido siempre. O no. Lo fácil es encontrar la raíz de todos los problemas en el miedo a perder y reclamarnos una unidad que el propio gobierno se empeña en aniquilar, no ya diferenciándonos por comunidades autónomas sino por clases sociales, coyunturas económicas y hasta educación. Lo que, según el rey, la transición ha unido (momentazo de exaltación de la amistad), lo está separando el hombre.
Debería reflexionar un poco don Juan Carlos antes de jalearnos tanto para que tiremos del país. Desde hace mucho tiempo nos sentimos bueyes de carga y, ahora, que estamos sin agua y sin comida, no nos da la gana de seguir arando. Supongo que es fácil de entender, pero si tenemos en cuenta que el rey, en lugar de reunirse con los ciudadanos para averiguar nuestro más hondo sentimiento, prefiere hacerlo con los empresarios que nos han conducido a la ruina, quizás es porque no ha entendido nada.
Desconozco quién le escribe las cartas a nuestro soberano. Seguro que él no. Imposible imaginarlo sorbiendo la sopa mientras balbucea aquello de "lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas" o debatiendo sobre eso tan divertido que menciona de "galgos y podencos" mientras espera a que le traigan el postre. Pero lo más mosqueante no es la fluidez de literato que se le adivina al monarca tras los floridos verbos y brillantes adjetivos que emplea, sino el empeño en apelar al "sacrificio de los intereses particulares en aras del interés general". Claro. Lo dice alguien que, siempre presuntamente, ha mantenido a una amante a espaldas del pueblo que le da de comer; se ha ido de cacería para intentar matar a la madre de Dumbo cuando en España estábamos a punto de comernos los muñones y sigue acogiendo en sus brazos al yerno corrupto que, al parecer, robó todo lo que pudo y más a los cortesanos de su amado suegro. Que, después de estas historietas tan amenas, nos salga don Juan Carlos con que hay que sacrificar los intereses individuales sería de traca si no fuera de pena.
A mí me parece bien que el rey mantenga una correspondencia epistolar con la ciudadanía aunque se niegue a contestar a nuestros mensajes. No podemos pedir peras al Borbón. Pero para poder dirigirse a nosotros con tantas libertades, como si fuera el Padre Nuestro o nuestro padre, que para el caso es lo mismo, debería antes conocernos y saber lo que nos pasa. Está muy bien que se asome a la ventana de su web, aunque a lo mejor tendría que salir un poco más a la puerta y departir con las vecinas, para saber dónde están las goteras y si el administrador nos está sisando los cuartos. Dicen de él que es el rey de todos los españoles. A lo mejor soy retorcida, pero yo sigo pensando que de unos más que de otros.


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