miércoles, 20 de junio de 2012

El pene de los gallos

Personalmente, creo que una de las cosas más divertidas de tener un blog (por lo menos de las que a mí más me entretiene) es comprobar por qué caminos ha llegado a la gente hasta él, es decir, qué le ha preguntado al sr. Google para que éste les lleve casi directamente a donde moran mis pensamientos. Confieso que, de las dos cosas en las que reparo cuando veo estadísticas, suelo fijarme muy poco en los países -mis más sentidas disculpas- y mucho en lo que le intriga a la gente. Pues bien, siguiendo esta línea de inquietud tan poco meritoria, estos días descubría que algunos habían aterrizado en mi blog tras teclear "cuánto mide el pene de los gallos" en sus diferentes versiones. Desde entonces camino por la vida pasmada.
Admito que alguna vez he hablado de penes. Y, seguramente, también de gallos. Y es muy probable que una extravagante conjunción astral haya conducido a un buscador de miembros gallináceos hasta este site, aunque desconozco los inescrutables vericuetos del ciberespacio. Para satisfacer la curiosidad de semejantes héroes, que ha acabado siendo la mía, he de deciros que es cierto que los gallos tienen un pene como Dios manda (aunque tampoco es que puedan presumir de centímetros, así que nada de hacerse los "gallitos") y hasta unos testículos de 5 cm de longitud, amarillo pollito, que se ponen de un blanco reluciente cuando ejercen su función.
También he descubierto que a la cópula entre la gallina y el gallo se le llama beso cloacal, y gracias a esos inquietos anónimos buscadores de penes y aves, he recordado las lecciones de anatomía que me proporcionó en su día Joan Manuel Serrat. Tranquilidad en las masas porque no es lo que parece. El cantautor catalán trabajó de jovencito como sexador de pollos en una granja y ésta que suscribe, curiosa por naturaleza, tuvo a bien preguntarle cómo conseguía diferenciar el macho de la hembra. Más o menos, me vino a decir que se le metía el dedo por el ano al sujeto con alas apenas tras un día de nacido. El objetivo de semejante atentado contra sus partes nobles era buscar la protuberancia que más tarde daría paso a los órganos sexuales: si dicha protuberancia era redonda, del huevo había salido un macho; en caso de que tuviera forma cóncava, teníamos una hembra. Toda esta explicación la acompañó Serrat con unas ilustraciones ad hoc en mi cuaderno de notas, que todavía debo guardar en algún lado, para mayor gloria (o escarnio; vete tú a saber) de las generaciones venideras.
Me decía también Joan Manuel que la profesión de sexador de pollos es, por ejemplo, una de las mejor pagadas en Japón, lo que te lleva a pensar que hay cosas peores que meterle el dedo por el culo a un tierno animalito para saber de qué ala cojea. Por ese lado entiendo la curiosidad, seguramente muy profesional, de algunos visitantes del blog. Por otro, comprendo también que la palabra pene siempre tiene muchos adeptos dispuestos a comparar longitudes y grosores, algo que mola bastante más que aplicarse en estudiar su funcionamiento.
Ya dije en una entrada anterior que, sintiéndolo mucho, el tamaño sí importa, y por lo que he visto y sondeado, éste suele ser inversamente proporcional a la altura del macho. Recuerdo que hace poco tuve una instructiva charla al respecto con unas compañeras, algunas de las cuales habían quedado pasmadas y emocionadas tras ver la interpretación de Michael Fassbender (o mejor, de su miembro) en Shame. La biografía oficial del actor dice que mide alrededor de 1,80, pero quien le ha visto afirma que no llega ni de lejos a semejante altura, lo cual estaría en consonancia con la teoría antes expuesta y el tamaño desproporcionado del pene que exhibe en la que ya es una película de culto. Esto suponiendo que no haya ningún truco tecnológico para convertir un palillo de dientes en una manguera o similar.
De todas formas, creo que el debate sobre estos asuntos tan viriles está un poco sacado de madre. Como ya digo, muchos hombres se preocupan más por la configuración y disfrute de su pene que por adquirir destreza en su intereacción, pero todavía parece importarles menos el estimular el órgano del placer más importante de las mujeres: el cerebro. Hace tiempo leí un libro en que uno de los personajes decía que lo que más apreciaba en el sexo contrario era el sentido del humor. Lo explicaba más o menos así: "Si tienes sentido del humor no te tomas en serio. Y entonces no puedes ser malo, no puedes ser estúpido y no puedes ser vulgar". Partiendo de semejante premisa, las mujeres nos encontramos con demasiado frecuencia con hombres que se toman a sí mismos muy en serio; que pueden hacer crítica, mofa y befa sobre otros pero nunca sobre sí mismos. Y lo que más en serio se toman, aparte de su hombría mental, son sus atributos, bien para alardear de ellos, bien para mantenerlos en barbecho si uno considera que no da el tallaje. Luego se preguntarán por qué su historia sentimental está llena de capítulos interruptus. Lo caliente no quita lo cortés, amigos.
Estos gallos deberían preocuparse menos por su cresta y su orificio cloacal y más por el estado de las gallinas, a las que el solitario e impertinente canto del macho, de tanto oírlo, acaba sonando muy mucho a Chiquilicuatre y muy poco a Mozart. Pero, bueno, ellos a sus cosas y nosotras a las nuestras, a empollar, porque, me vais a perdonar compañeros, sin huevos este mundo no va a ningún lado.

6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias!!!!! La próxima vez trataré cosas más "grandes".

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  2. Pues yo he llegado al pene de los gallos preguntando a Google por Pepín-Vidal Beneyto!!!Me mandó baylos.blogspot.com.es y de ahí a Chus y, al interesarme por tu tono vital, sigo leyendo y, no sé por qué, google o tú habíais destacado en la columhna de la derecha las partes pudendas de los gallos, de las que no sabía nada, aunque recordaba haberlos visto acosar sin descanso a ocho o diez gallinas, una a una, en poco tiempo... La verdad es que me han divertido varias entregas o escritos. El de la princesa Corinna es una joyita. Encantado de conocerte a ti y a tus colegas colaterales. José Antonio

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    1. ¡Los caminos de los gallos (o de los penes) es inexcrutable)! Me alegra tenerte de visita. Y más si vienes de casa Baylos. Encantada de conocerte ;-)

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