viernes, 27 de julio de 2012

Con pasta y a lo loco


Acabo de leer en El Mundo el supertitular: alguien se ha sacado de la chistera un invento que une a personas adineradas con otras muy guapas para montar un viaje juntos o montárselo en un viaje a medias, que no es lo mismo aunque tal vez sí. Por lo que mis cortas miras han entendido, aquellos sobrados de pasta y aburrimiento costean los gastos de quienes han sido bendecidos por los dones de la belleza, y aquí paz y, por la noche, mucha gloria.
No seré yo quien ponga en solfa negocios ajenos ni ideas brillantes, pero la verdad es que esto de las uniones de conveniencia es más viejo que la tos, aunque quizás nadie lo había patentado con tanto tino. Es como cuando crees que se te ha ocurrido la idea del millón para darte cuenta inmediatamente después, y leyendo la hoja parroquial o el Calendario Zaragozano, que alguien había parido la misma ocurrencia y, encima, la había registrado. Perro mundo.
El maridaje entre ricos y guapos ha sido una constante atemporal, sobre todo porque cuando uno tiene posibles, se lo gasta en comprar cosas bonitas, ya sean animadas o inanimadas. No digo yo que los sentimientos jueguen su papel, aunque sea secundario, pero se trata más bien de la cosificación de la persona, en el sentido de “te lo daré todo mientras estés a mi lado”. O, como algunas madres superfeministas y supermodernas aconsejan aún hoy a sus amadas hijas: “tú caza un marido rico y luego ya veremos”. Su futuro yerno tiene que ser pudiente; poco importa que luego luzca careto y modales de horco y le huelan los pies. El euro es el euro y la cosa está muy malita.
La web que une a viajeros pudientes con damiselas de buen ver (hago esta separación de sexos porque es la más común, aunque no faltan las mujeres ricas en busca de efebos que les expliquen la teoría del Bosón de Higgs al amanecer) la ha montado un tal Brandon Wade, que no puede presumir de ser un adonis precisamente, pero sí de contar con unos negocios y saldo bancaria la mar de boyantes. Se ve que el tipo se basó en su propia experiencia y decidió que sus millones bien valían un risa o dos. Y lo ha hecho con mucho tiento, porque, para evitar la acusación de fomentar la prostitución (malpensado, que sois unos malpensados), él solo gestiona los encuentros de los viajeros, nada acerca de que uno pueda cobrar por otros servicios que no sean la amable compañía y la conversación ingeniosa.
Con semejantes facilidades, si los guapos del mundo no encuentran pareja es porque no quieren. Entre Internet y equipos de fútbol, el mundo es un gran océano en el que apenas necesitas lanzar el anzuelo para pescar las mejores presas. Luego, allá cada uno con sus escrúpulos para ver si se come el cuerpo, la cabeza o las dos. Todo depende del hambre, imagino.
Y, mientras unos se entretienen pescándose y “pecándose” mutuamente, los que no somos ricachones ni deslumbramos al personal con nuestra imperecedera belleza, aquí estamos, viendo cómo las roscas las devoran otros y pensando dónde ha quedado el amor fou por las cualidades internas del individuo. No es que nadie nos entienda; es que nadie nos ve. Ayyyy…


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