martes, 3 de julio de 2012

Sexting

Hoy leía en el periódico un artículo sobre ese invento llamado sexting que tiene a los jóvenes y las "jóvenas" con la tecnología subida y las bragas bajadas. O los gayumbos, que tampoco hay que hacer discriminaciones de género. Aquí, el que no se desnuda no sale en la foto, y, por lo tanto, será castigado con una vida entera sin mojar. Y ya sabemos todos que hay vidas muy largas.
Según una encuesta americana (se ve que allá tiene mucho tiempo libre y bastantes ganas de hurgar en intimidades ajenas) realizada entre 1000 mancebos, casi un 30% había mostrado su cuerpo serrano al mundo a través de las redes sociales o mediante la tecnología móvil. Lo normal, vamos. La mayoría de los chavales, cuyas edades estaban comprendidas entre los tiernos 14 y los ya traqueteados 19, aseguraron que, alguna vez, su interlocutor les había pedido que mostraran sus, suponemos, muchos encantos a través de una pantalla, mientras que un nada despreciable 31% afirmaba haber incitado a otros a que hicieran lo mismo. Hoy por ti, mañana por mí.
A la menda estas cosas la pillan con el paso cambiado, tal vez porque si enseñara mi cuerpo serrano a través de las redes sociales lo mismo fundía los plomos y ni un milagro conseguiría levantar al personal. Literal y metafóricamente hablando. Por eso me resulta curioso (no seré yo quien lo juzgue) esta cosa de mostrarse así, de forma abierta y natural, como si el del otro lado fuera Miguel Ángel a punto de pintar la Cópula Sixtina. Porque entiendo que uno puede enseñar lo que le da la gana, aunque imagino que el hecho de inmortalizar tu retrato en pelotas sabiendo que al día siguiente va a ser protagonista de muchos foros, tiene bastante de exhibicionista y muy poco de íntimo. Además, esa confianza súbita con gente a la que apenas conoces, me conmueve. El ser humano es así: lo da todo esperando que le den bien por saco a cambio.
Pero, consideraciones éticas y estéticas aparte, lo más rimbombante es la conclusión del sesudo (con s) estudio: que los jóvenes encantados de conocerse y mostrarse, son más propenso a tener sexo. ¡Nos ha j... mayo con sus flores! Cuando a uno le pica algo, lo lógico es rascarse. No solo eso: los estudiosos en la materia van más allá, diciendo que sus conclusiones podrían contribuir a mejorar la atención sanitaria de los adolescentes. Pues mire usted, depende. Sobre todo de la frecuencia con que el aprendiz de stripper vaya al médico a vigilarse sus partes nobles.
Se entiende que, después de teorizar un rato sobre el tema, de lo que se trata ahora es de tirárselo a la cara a padres y educadores para que controlen a sus retoños y vigilen sus escenas más tórridas. Tampoco es eso. Las primeras masturbaciones siempre se han dado en la intimidad de la habitación y no sería de recibo entrar en tromba para ver si el nene se lo monta a través de Skype o mirando una porno. Nuestra obligación se centra en respetar los instantes sublimes. El problema no es ése sino hacerle entender que las imágenes las carga el diablo y que muchas pueden ir a parar a manos de indeseables cuya satisfacción sigue los tortilleros caminos del asco y la podredumbre. En esto, como en todo, hay que hacer un uso responsable. A lo mejor hay que tirar la ética por la ventana e insistirles que ver está bien, pero ver, tocar y, además, convencer, es un pack sublime al que nadie se puede resistir. Que mil palabras valen más que una imagen. Aunque yo, con todos mis reparos, no confiaría mucho en ello. Más que nada porque los tiempos cambian, las tecnologías nos comen el terreno (y la moral) y aquí, el que no se corre, vuela. Tendremos que empezar a asumirlo.

2 comentarios:

  1. Quién hubiera pillado algo de tecnología en nuestra época... y es que solo teníamos el miserable spectrum.

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  2. Qué vintage eres! Con lo que daba de sí el Quimicefa! (por no hablar del Cine Exin; palabras mayores...)

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