lunes, 26 de septiembre de 2011

Perdón

Dice una amiga mía que los conflictos nunca pueden acabar de arreglarse si una de las partes está dispuesta a perdonar, pero la otra no pide perdón. Imagino que porque, con su reticencia, esta última no admite haber hecho nada mal, por lo que es muy probable que vuelva a repetir conducta para gran sofoco del agraviado. Estoy de acuerdo. El perdón total solo existe cuando hay voluntad de las partes. Y parece que en el caso de la banda terrorista ETA y sus víctimas, esa voluntad haberla, hayla.
Esta situación no es nueva. A los europeos nos suena bastante. Ya en 2002, el IRA irrumpió en la escena pública pidiendo perdón por todas las víctimas civiles que había cusado. 650 en total. La banda no se pronunciaba acerca del resto de damnificados, pero, en aquellos años, algo era más que nada. El gesto se interpretó como una muestra de que los terroristas empezaban a alimentar cierta disposición para reintegrarse en el sistema y abandonar las armas. Un proceso que luego se demostró largo y difícil y que ha tenido sus frutos, a pesar de algunos coletazos posteriores que todavía saltan, de cuando en cuando, a las páginas de los periódicos.
Me parece congruente y humano pedir perdón por cualquier ofensa. En el caso vasco, además, es imprescindible, porque lleva intrínseco cierto cambio de orientación en el pensamiento de los presos etarras, bien por reflexión propia, bien por imposición de estancias más elevadas. Sea lo que sea, es, y con eso nos tenemos que conformar. Según cuentan los medios, los encuentros entre presos y víctimas (solo en un caso el agresor se ha correspondido con su agredido; en el resto no había relación entre ambos) llevan algún tiempo produciéndose. Adivino lo tenso que puede ser el saludo inicial y la respuesta vacía a la pregunta estrella: "¿Por qué?". Por qué yo,  por qué mi padre, por qué mi pareja... Si ellos nunca te atacaron, ni te agraviaron, ni te faltaron al respeto... ¿por qué? No me imagino qué contestación se puede dar a tan legítima cuestión. Las guerras son estúpidas por naturaleza, tan estúpidas como irracional cualquier atentado contra la vida humana.
Entiendo que también haya un grupo de víctimas que no esté dispuesto a participar de estos encuentros. Difícl perdonar cuando te han arrebatado de cuajo lo que más querías. Y, sin embargo, creo que el esfuerzo es necesario, aunque te sientas jodido y apaleado jugando al juego de pasar página. Como bien decía mi amiga, si todos los implicados no participan de la catarsis, no habrá futuro para su coexistencia en el mismo tiempo y espacio.
Evitaré entrar en disquisiciones y debates sobre el origen y desarrollo del conflicto vasco porque, a lo mejor, tendría que abrir un blog aparte. Pero sí quiero incidir en que cualquier gesto que abunde en la comprensión, entendimiento y restauración de la confianza entre las personas, me parece bien y hasta necesario. Solo un apunte: los gestos tienen que llevar parejas acciones y buenas voluntades. El perdón exige trabajo, pero, al menos, ese trabajo sí tiene recompensa.

P.D.: Mi enhorabuena a las mujeres de Arabia Saudí, que al final van a comprobar que las urnas existen, se utilizan y no son una leyenda urbana. Votarán por primera vez en las municipales de 2015. Y, ya que estamos magnánimos, ¿por qué no pedirle a su gobierno que cumpla aquella vieja promesa de dejarlas conducir? Ah, ya, que se les enredan los ropajes en el embrague... Bueno, eso también tiene fácil solución, ¿no?

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